Después de pasar
la brevísima noche de finales de junio en el refugio del Mont Roig, en la
cabecera del valle de Cardós, ya antes del amanecer salía del refugio para
poder observar y fotografiar el macizo del Mont Roig (desde el vecino Pic del Ventolau (2843 m.). No
obstante, justo antes de alcanzar la cumbre, unas nieblas velaron el cielo
despejado imperante hasta el momento, arruinándome el objetivo de la excursión.
Pero como no hay mal que por bien no venga, este hecho me dio la oportunidad de
poder observar un espectacular fenómeno, visible sobre todo en la montaña, que
es el espectro de Brocken.
Este
fenómeno óptico se visualiza cuando el observador se sitúa de espaldas al sol
en una zona elevada que está despejada (por ejemplo, la cima de una montaña o
un collado) y con la niebla en el fondo del valle. Su sombra se proyecta sobre
la niebla, aparece magnificada y rodeada de una aureola o gloria, con sus anillos
de luz de colores. El término procede de los avistamientos que frecuentemente realizaban
los montañeros en las montañas del Harz en Brocken (Alemania).
La
falta de referencias visuales genera la ilusión óptica de que la sombra proyectada
se perciba como más grande. La gloria aparece por la dispersión de la luz al
atravesar las pequeñas gotitas de agua presentes en la niebla, cuyo tamaño
determina, de forma inversamente proporcional, el radio del halo.
El
macizo del Mont-roig (2.847 m.) está
formado por una masa no muy diferenciada de rocas muy antiguas del Cámbrico y
Ordovícico. Se trata de una sucesión de areniscas y lutitas depositadas en el
antiguo mar paleozoico y sometidas a dos orogenias (hercínica y alpina) por lo
que se encuentran normalmente metamorfizadas en cuarcitas y pizarras
respectivamente, a menudo teñidos de los colores rojizos que dan nombre a la
montaña. Estos materiales forman el zócalo herciniano que, durante la orogenia
alpina, se fracturó y se apiló sobre sí misma en extensas láminas cabalgantes.
El más antiguo es el manto de las Nogueras y a su base, el domo de la Pallaresa,
pertenece el Mont Roig.
El
Mont Roig y los Estanys de la Gallina
Una vez disipada
la niebla, desde el Ventolau se pueden identificar las formas labradas por los
glaciares pleistocénicos. En el Circo de
la Gallina se encuentran 8 cubetas de sobreexcavación glaciar escalonadas,
cubiertas por sus lagos o estanys
respectivos (situados entre los 2.190 y 2.500 m. de altitud). En la vertiente
opuesta se encuentran los tres estanys de Ventolau, correspondientes a la cabecera del valle de Unarre y dentro de un complejo
lacustre mayor.
También es destacable el pulimento glaciar sobre las duras cuarcitas rojizas presente en
muchos puntos en la Roia de Mollàs,
el valle por el cual discurre el torrente que nace en el circo de la Gallina. Sobre
las rocas pulidas se dibujan las estrías glaciares labradas por las angulosas
rocas arrastradas por el hielo.
La
Roia de Mollàs
desemboca en el valle de Tavascán,
en donde se encuentran los caseríos (bordes)
de Noarre, Quanca y Graus. Sobre los suelos ácidos de este valle (procedentes
de las rocas silíceas del subsuelo) y bajo unas condiciones climáticas húmedas
pero con patentes rasgos de continentalidad (caracterizado por máximos
pluviales en verano, a causa de las precipitaciones tormentosas), se desarrolla
en el piso montano, un bosque caducifolio en que predomina el abedul (Betula pendula), junto con trémol
(Populus tremula), fresno (Fraxinus excelsior), roble
(Quercus petraea) y avellano (Corylus avellana).
Abedular
en Quanca
Más allá de los
1.700 m. de altitud, entrando en el piso subalpino, se va pasando gradualmente a
un bosque de pino negro (Pinus uncinata) con algún serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), junto con el sotobosque silíceo de rododendro (Rhododendron ferrugineum)
y arándano (Vaccinum myrtillus).
Rododendro
y Caltha palustris en la Pleta
del Fangassal